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MEDITACIONES / ESTO LO ESTOY ESCRIBIENDO MAÑANA




MEDITACIONES 

 I

El hombre suburbano, despojado de toda épica, debate la convicción de su certeza; cuestiona la duda sobre su indecisión. A medio camino, entre lo inasible y lo domesticado, lo irrefrenable y lo libre. Sobre su cabeza pendula una pregunta, cuando las palabras se encierran en inútil refugio. Sucumbida la verdad a las trampas de la lógica que dominan y subyugan todo mundo complaciente, tan vulgar y cínico en su discurrir.

 II

Una casa que contiene al tiempo. Una torre que sostiene una nube. Dos árboles silenciosos que se aprietan en la quietud de la noche, como dos viejos y furtivos amantes. Una prédica y un grito aturdido que se medita sin solución. Un abismo que se asoma a su propio vértigo. Una sombra esculpida de ausencias y un incomprensible laberinto sin salida. Una lanza en el blanco de la diana. Una letanía a modo de elegía. Un centauro que acecha y un agobio de espanto. Un mar jamás en calma.

 III

Vengo de una voz lejana. De colores gastados y agua pasada. De promesas vanas y caminos que se bifurcan. Fingí sueños para maquillar el peso de una tristeza y la ligereza de realidades resbaladizas. Esquivo vanidades nefastas, derribo murallas impenetrables. Tolero humores mercuriales, resuelvo mi crucigrama.

 IV

Pesimista desengañado, a fuerza de torcer toda voluntad ajena. En reiterado fracaso constante, haciendo impostergable verdad la propia esencia, la condición trágica de todo arte legitima su ejecución como un acto sagrado.

 V

Huir del ruido y del conflicto. Llenar agendas y pendientes de nada por hacer y todo por delante. A lo esencial de Cicerón, lo banal en lo habitual. A la renuncia del guerrero, la honestidad brutal. En la auténtica riqueza del florecer individual, regarás tu jardín privado haciendo de tu mente tu templo de libertad y secreto mejor guardado.

 VI

No hay actos de prestidigitador sin máscaras de embuste ni disfraces de superchería. No hay escape en proeza posible sin escondites fortuitos ni farsas osadas.

 VII

Juez y parte de mi destino, adalid de un ejército invisible que ofrece la guerra a tu resistencia amable. Enemigo de mi recato decente y objeto de desprecio persistente a tu costado menos vulnerable. Contemplo, desde un oscuro rincón, los daños al portador de mi última rendición.

 VIII

Mítica tragedia griega de un ciego en minotauro, preso de su razón que decide, ya incapaz de acechar ni poseer, beber hasta embriagar del frío néctar del olvido. Haciendo trizas la memoria, como si todo su pasado guardara el más preciado recuerdo en el inútil compás de las agujas de un reloj ya derretido.

 IX

Cíclope mitológico de abrupta emotividad. Puesta en abismo de un ser de pupilas cansadas y cuerpo transmutado en holograma que sueña quimeras delirantes, falacias de su pura ficción.

 X

Atravieso la oscuridad de la noche, plétora de misterios, quietud y silencio. La pálida luz emite, incandescente, un tibio y brumoso resplandor, secando las huellas teñidas de su decreciente amanecer.

 XI

Mundo corpóreo sin morada privada, vierte el sol su torrente ardiente. Brota la fuente de su espejismo, disuelta en amarga sequedad. Universo laminado de apariencia, su faz ciega se estremece como instrumento templado por los dioses. Realismo resbaladizo de hieratismo milenario.

 XII

Savia de un tiempo arcaico, vive el poeta moderno aquejado por su ansia trascendental. Artífice sin escrúpulos de su destino esquivo. Frágil cristal quebradizo, indómita voluntad quijotesca. Polvo irisado en partículas difuminadas de todo encanto acaecido.

 XIII

Soporte sensorial que suprime la vida dada, alimentando fantasías incubadas en sueños pasados. Vertiginosa rueda giratoria que se resquebraja a sí misma. Eternidad que es voluntad y reposo que nada de lo perdido reclama.

 XIV

El arte como redención liberadora, toda búsqueda vital más allá de la vanidosa mentira y la fantasiosa cotidianeidad.

 XV

Contradicción contrariada y pundonor que no es hipocresía moral. Temblor extremo y cavilaciones de una fría tarde de invierno. Un cajón que acumula un manojo de cartas arrugadas, escritas con letra cursiva a pulso de viento. Un puño cerrado que agita su respiración y una mueca de horror que desencaja el semblante. Es el pasado delator que nunca está donde lo dejamos, condenando un inquebrantable ideal.

 XVI

Prisionero de guerra ajena. Temor cautivo de propia soledad, debatida entre impulsos alternados de esperanza y desesperación. Instinto de supervivencia, habitante de la noche donde todo es silencio, quietud y espera. Afuera, avanzan armados los acorazados por el árido y polvoriento callejón.

 XVII

Proyectando mi quietismo estético, vapuleado de todo bullicio y mediocridad humana, revuelvo los cimientos de una libertad no condicionada que conquista mi continuo y radical inconformismo.

 XVIII

Punzadas pupilas inyectadas de sangre que contemplan catastróficos panoramas en siluetas de nube animal. Señas de inerte materialidad.


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