▣ DESMEDIDA CADENCIA
I
Un
esqueleto alborotado en años de olvido y dolores, redimiendo ausencias y
vacíos. Hundido en su propia ciénaga de sueños interrumpidos.
II
Histrión
pregonero y alma de bohemio. Desvelado acuciado por la palabra no dicha. Hombre
litigado en la trama discursiva de su escritura al desnudo. Rúbrica perpetua
del ser inerme.
III
Temporada
infernal de Heliogábalo coronado. Una memoria repleta de equipaje, con una
cuenta pendiente al esquivo destino y un mapa del tesoro perdido. Un camino de
regreso a casa olvidado, hecho de curvas peligrosas. Bala de plata mortal y
desorden de trapecista. Brumas dispersas de puro espejismo virtual.
Arenas
movedizas ilustran la postal, contemplando un mar de dudas que pintan con
sombras el alma del muro de los lamentos del olvido. Incierto y narcótico
duermevela, ritual pagano celebrado a la orilla de la tempestuosa deriva.
Rutinaria
fábrica de hielo de dos corazones marchitos en la alcoba. Insomnio febril del poeta abandonado a la
extrañeza de todo desterrado de sí. Incomodidad nómade inapelable. Esperanza atea sin salvación y futilidad de
torcer el rumbo. Finitud en el horizonte y enigma de realización o auto
extinción. La adrenalina puede ser una herejía en tiempos de ánimos crispados y
pieles congeladas.
Diosa
de látex, musa de papel. Una venus sin manos junto al marco de la puerta
abierta de par en par. El cuerpo del delito, a las pruebas me remito: un
cazador de tormentas en busca de su próximo trofeo suicida. Voyeur de salón.
Actor de reparto por elección. Artillería pesada. ¿Diversión o sumersión?
Libre
del tormento de pensar, los sentidos discordantes de un cadáver exquisito se
hacen de asociaciones imposibles. De castillos de arena derribados y de falsas
monarquías doblegadas. De la migrante mariposa y del rey sin corona destronado.
Un
movimiento vertiginoso como un gélido golpe. Un gesto simple que refleja la
latencia de un espíritu apático. Un esfuerzo fatigado de soltar aquello
imposible de alcanzar.
Vastedad
y angostura, paisaje alguna vez sereno. Deseo silencioso a toda voluntad
operante. Supremacía contraída y expansión virulenta. Salvaje delirio de
entusiasmo, tracción a sangre del carro de Dionisio.
Lo
firme frente a lo vacilante, como evocación de una epopeya delirante. El héroe
errante que precedió a Homero. La máscara de Esquilo desgarrada de dolor. Osado
prisionero enfrentando su proeza épica final.
Como
Major Tom sin base de control, mi escritura como mecanismo de olvido es el
cordón umbilical que pendula en el inconmensurable abismo de la nada estelar,
fuera de todo tiempo y espacio.
Avión
de tránsito dormido. Estación de absurdo a ningún lugar. ¿Recobraré el tiempo
perdido? Pasajero en sala de espera intensiva. ¿Qué hago aquí rodeado de
hormigas, en viaje hacia ningún lugar?
XIII
Cruzando
a nado el río Mississippi, la deriva es interior.
El espíritu de la forma que proyecta la
sombra de su soledad al comienzo. La doble fe en mi escritura que cree en la
interioridad como secreta resolución para la superación de todo temperamento
melancólico. La ética como estadio, problema y solución, anteponiendo mis
métodos de desesperación. Ecos de mi posible relación con la angustia
existencial.
Cartas
en torrente manantial, como testimonio literario de un desvelo hecho de
inquietudes. Un escriba en el Antiguo Egipto. Una estatua de sal petrificada en
la Antigua Grecia. De epístolas nos hacemos, al fin. Es mi diálogo ficticio, mi
lenguaje desmembrado. Un criptograma descifrado…mi metáfora inalcanzable.
Con
mi cabeza dispersa de nubes contemplo introspectivo, ya lejana, la tormenta. En
la certeza de un pronóstico favorecedor aprendo la doctrina del acierto
universal.

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