▣ CARTA PARA MÍ DESDE 1983
Omnívoro cultural, devora tu medular elemento.
No vaciles en saciar tu curiosidad: piérdete en el laberinto borgeano, aúlla
como un lobo estepario, profana túneles, héroes y tumbas; naufraga con Melville
en el medio del mar, cae rendido en los brazos de mujeres fatales, sueña con
dioses del celuloide; un deus ex - machina final. Gira al compás de un disco
eterno, trama paciente tu melodía infinita. Asómate a las geometrías de Gaudí,
persigue a los fantasmas de Goya, húndete en las curvaturas de Rodin. Inquieto
e incesante aprendiz, busca tu piedra filosofal y consuma, ahora, tu último exilio.
II
Valeroso medieval Ivanhoe y tigres de la Malasia. Mil noches de relatos, sultanes y espadachines. Piratas y corsarios, filibusteros y bucaneros. Selvas y desiertos sobrevoladas en globo. Náufrago de Nautilus al socorro del intrépido capitán Nemo. Magos habilidosos, brujos herejes, científicos monstruosos y misterios de Whitechapel. El árbol cronológico y la raíz bastarda. Un retrato familiar y una pila de libros en el rincón. El magnetismo indemne.
La literatura como forma inconsciente de
ordenar un caos privado. Antídoto infinitesimal a un cuerpo que se despierta,
despojado de los resabios de una noche profana. Torrente de cadáver exquisito,
desaforado hervidero de palabras, fluye en su cauce tinta redentora.
Erudita restauración de voluntades y
quebrantos, con fervor transformados en desmesurado arte apolíneo, que guarda
en su sagrada génesis un willow tree y su núcleo de vital fulgor.
Fecundidad y éxtasis de sustancia tornadiza y esquiva, reveladora creación y
misteriosa inspiración que conserva intacta su estructura. Mas atómica que
pensante. Más sensible que lógica. La verdad irreductible.
Arte nunca perimido, la mirada del
escritor-radar capta, absorbe y se transforma. Tesitura de un tiempo
pronunciado, como aquella certera brújula guía en búsqueda de sentidos,
complejizando la apoteosis delirante un paradigma escindido. Declamación en el
resabio de palabras acumuladas decididas a faltar a la verdad, soltando
mandatos atávicos de toda memoria social profanada.
Intelectual de perfil abstracto que escribes
desde la responsabilidad. Al calor de las urgencias, derramas tintas y
atiborras anaqueles. Escritor y oficio de existencia merecida. Vida constituida
en drama al papel interpretado, te apoderas del escenario de una obra en permanente
marcha. Misión de salvar la imperiosa circunstancia si comprendes la vida
humana como un constante naufragio.
Al imaginario de la vida, lo real de la
muerte. Al perfume de un pasado, el espíritu de un futuro. A la contradicción
de lo comunicado, lo certero en lo callado.
Espejo de Milton y origen del mal expulsado
del paraíso. Rechazado por Venus hasta la ignominia, como aquel artista maldito
de los Salones de París. Tentado a redactar mi obituario, una noche a las diez
de la mañana. En un cuaderno a rayas que no ve la línea final y una mano colega
de aquí hasta entonces. Nada infame me es ajeno
de las cenizas al papel, en cada verso ensayo un salto mortal.
IX
Mirada oblicua y fragmentada que anida en la
epidermis de mi inquieta observación. Místico modo de vida en inmarcesible
fuga, ala luminosa de libertad al vuelo amarrada.
En la génesis del miedo, plácidamente
diseccionado, habita el inquietante sueño de la hastiada razón. Un corazón
delator produce monstruos que sobrevuelan la imaginación en preliminar
escalofrío.
Escritor arqueólogo de bellezas, navegante de
mares de metal fundido en perenne búsqueda de la geométrica forma sagrada. Un
creador de mundos interiores desoye la indolente cotidianeidad de lo prosaico.
Como perlas brillantes, atesora en su puño diminutas damas danzantes recortadas
en el horizonte crepuscular. Ese luminoso hallazgo que concibe la vida como un
lienzo una obra de arte y toda revelación contenida allí.
Arte como infinitud inconsciente, ejercicio
poético deliberado. Arte como expresión de tensión suprema, reflexión elevada
donde el fuego arde. Arte como don de naturaleza, sentidos que habitan un país
de fantasía envuelto en espesa niebla.
Filósofo delirante en dialéctica vacía y
carente de contenido. Real impulso pragmático, expansivo y pasional. Espíritu
cínico y sátira de doble filo que todo lo niega, reduciendo a cenizas cada
atisbo de bondad humana.
Fundo mi saber, luminoso y autoconsciente, ideal
contrastante de todo juicio irracional. Identidad perdida y verdad recuperada. Evoco
un pasado como justificación ideológica, tiempo que otorga a cada elemento su distintivo
significado. Vocación revelada y oportunidad olvidada.
Blues entristecido, alas de pájaro herido.
Templo profanado, libro de memorias incendiado. Peregrino en el desierto que
bebe de su propia sed a sorbos. Blasfemo condenado que hace de la soledad su
aliada y aprende a adivinar la probabilidad de un futuro incierto. Librando cada batalla se ofrece al enemigo la
cuota de fe redimida.
Vil tribunal inquisitivo y perfidia falsa
obesa de ingratitud, repruebo tu condena.
Torre oscura de sueños amordazados, ¿hallaré de ti la salida?
Poeta de lo simple y del espanto, abrevo con
sal las heridas en horas místicas. Como un vampiro que arrastra su sanguinario decálogo
secular. Antídoto
de la sed al despertar.
Frenesí de escribir en un sónico palpitar.
Parpadeo de un ojo en vibración onírica. Visiones de un ejército de sombras y
el reflejo de un espejo, tan distinto a mí. Frecuencia de rutina tan banal y
predecible que busca resolver el enigma de un hombre atrapado en la rueda del
tiempo.

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