▣ EL ARQUETIPO DE LA SOMBRA
I
Un
cazador solitario observa a su presa, como quien contempla la belleza perfectible
y la muerte inescrutable, en un instante preciso que separa la eternidad de la
nada.
II
Puesta
en el cielo y pacto sellado con sangre. Disparo certeras palabras a mi conciencia,
como verdades sin sugar pill que se incrustan con impiadoso filo.
III
Develando
la mentira sublimada, superado el hastío de volar con alas de cartón. Inútil
resulta correr con pies de plomo, mandamiento es hundir las ideas en tu sien.
IV
La
quietud sin frenesí de un despertar. Y mi costumbre de tensar la cuerda más allá
de lo permitido. Y mi ley inquebrantable por ser un perfecto inconformista. Y
mi cansancio irredimible ante toda sordera del poder.
V
Privado
bosque y templo de hogar. Guarida inasequible de un paraje devastado. Paraíso
perdido para un ángel caído. Refugio donde el viento cuida tu sombra y es
huella de tu camino. El cuerpo en el árbol y la mente en el infinito.
VI
En
ademán de sombra china, como rufián furtivo a la aurora agazapado. Haciendo un
arte de mi lírica harpa de la impostura. A riesgo de quebrar la melodía, pierde
medida la armonía sin su serpiente encantada.
VII
La
mentira zurce los pliegues de la imaginación, funda palacios, construye
deidades y alimenta el deseo sobre los escombros de un brumoso panorama. Escribo
desde lo que no tengo, por lo que sangro, lucho y pierdo en el camino.
VIII
Busca
en un rincón de su mente vestigios de aquella solitaria nostalgia, vieja aliada
de un tiempo ya olvidado. Exhala una bocanada de aire que oprime la culpa de su
conciencia. Abre el pecho aprisionado al despertar y retoma la calma de un
sueño conciliado.
IX
Sin
un último acto de resistencia, se abandona a la deriva y surca cielos
infinitos, escapando de un temblor agobiante. Al encuentro de un sol abrasador,
atraviesa espesas nubes y sortea un calor asfixiante. Debajo, el viento cortaba
el aire como un cuchillo. El atardecer se había convertido en el escenario
perfecto de una muerte lenta y dolorosa.
X
Entre
líneas y sobre ellas. A hurtadillas o a los ojos del mundo. Oscilante emoción
abismal, escribo para descifrar el sentido de un minúsculo grano de arena, y en
él ver reflejado al hombre y toda magia del universo codificada en su interior.
XI
Iridiscencia
en tornasol y esencia de fuego. Tragaluz del infinito. Habitante de propia
hoguera que persigue un eterno fulgor. Erosiona sus pliegues, inflama y arde a
451°. Fatuo resplandor de elemento cosmogónico, materia hecha de cenizas del
tiempo.
XII
Una
acción que hace a un hábito. Un carácter que forja un destino. Sospecho de mi
moral en lo sinuoso del camino.
XIII
De
vicios y virtudes. De azares y efectos. De causalidades o casualidades. De
profundidades o superficies. De mi escepticismo en tus placeres. De mi
entendimiento en tus probabilidades.
XIV
La
poesía de la pérdida que devora su apetito de eternidad. En la ira de Aquiles,
la complejidad del antihéroe. En la herida de Paris, la extinción del deseo.
Crónica de una rúbrica anunciada, elegíaca víspera del día después.
XV
Pasado
sabido. Presente concedido. Futuro presentido. Conocido narrado. Intuido expuesto.
Presentido predicho.
XVI
Después del día vuelto noche. Después del tiempo envejecido. Después del interés perdido. Después de la oportunidad arrepentida. Después
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