▣ LA CINTA DE MOEBIUS
I
Paradigma
de hibridación para la reciente dominación de nuestra civilización. El juego
imperial destroza la quimera de todo estable progreso y el nuevo orden mundial
exige la destreza de caminar sobre suelo líquido. Sin tierra firme a la vista,
contenemos la respiración y vemos nuestras siluetas hundirse en el lodo. El
sueño termina solo si te convences de que has despertado.
II
¡Let
them grow! Serán libres en autonomía, ajenos a todo dogmatismo y exclusión. Ningún organismo vivo puede permanecer en la absoluta cordura atado
a su propia realidad. Arruinarás sus planes y verás la consecuencia final. Si
hasta las alondras sueñan.
III
Masa
como hecho psicológico, vulgo como aglomeración humana. Sabor de sentirse
idéntico, clase humana sin jerarquización social. Criaturas radicalmente
divididas que contemplan incrédulas al hombre selecto y no petulante.
Repercusión que vive deliberadamente, enfrentando hechos esenciales de la vida.
Desecho de todo aquello que no enseñe a morir, solo luego de haber vivido.
Revolución
como política de la modernidad, si la realidad se ajusta a la idea. Ocurrencia
mental u ocupación intelectual, generación espontánea de superfluo fluir. Sistema
de usos en convivencia y perspectiva organizativa como alma social formada.
Esfuerzo de perfección en acumulación de dificultades y deberes.
Cárcel
industrial y opaco placer insuficiente. Hacer de la necesidad el síntoma,
alimentar al progreso como señuelo de autonomía, luego convertido en libertad
sometida. Perversa dominación, trampa disfrazada y anzuelo mordido. Anestesia
de conexiones neuronales, tecno totalitarismo y vigilancia castigadora.
VI
Baño
cerebral o experimento social. Privación sensorial de aislamiento encriptado.
Confesión forzada a control mental. Cinismo gubernamental en voluntad dominada.
Creencia quebrada sobre dignidad perdida. Tortura legítima y libertad
extinguida.
Ocultos
tras las máscaras de Gilgamesh, bebemos del fluido artificial derramado por
pantallas satelitales que proyectan el contorno pixelado del nuevo hombre de
mañana, hecho a imagen y semejanza de un mundo sin alma ni compasión. Semblanza
de horrorosa profecía que hace realidad un relato fantástico ideado por un
perverso Dios sorprendido en flagrante delito, saboreando el fruto del árbol
envenenado.
VIII
Huellas
borradas de la antigua Babel y futuro diluvio universal. Implacables bacterias
nucleares y binarias ciudades encapsuladas. Naciente guerra fría de
omnisciencia dron. Camino a la abolición del yo, nuestro ego se desvanece tras
la telaraña de un ciber-paradigma. Más allá, el espejismo corpóreo de un mundo
material ya extinto.
Vana
charada irrelevante. Status quo falaz de reglas absurdas y culpa asimilada. El
placer social encorsetado en un agujero negro de materia consumida que mira
hacia el abismo de su propia amoralidad.
X
Presas
y depredadores en peligrosa subversión. Vuelta al estado salvaje en resentida
civilidad, mirando a los ojos a la muerte cuando la vida come vida.
El
hombre despierto, la masa dormida. Temores y temblores de un nuevo orden
social. Futuro profetizado en rúbrica sci-fi y refugio neoludista de ciudades
futuro hechas de masa virtual. Deber absoluto en la incomunicación. Silencio
moral como pecado de omisión. Apostilla conclusiva de una tragedia antigua.
Terror
sembrado con esmero sobre una llanura de incredulidad humana. Especulaciones
metafísicas labradas en un altar mayor de deidad pagana. Paradójicas boutades
del mundo de hoy, desgarradas en la voz silente que calla una verdad sabida a
gritos.
XIII
Ideas
asociadas en repentino caos. Memoria perdida y olvido selectivo. Historia
compartida del vacuo tiempo personal. Intimidad mental de una dantesca imagen
mundial.
Último hálito e inerte delicia final. Reflejo espejado en el agua que se consume a sí misma. Silueta iluminando el camino, cuerpo en molde como barco hundido e incierto peso del alma que se eleva poniendo a prueba su gravidez.
Milagro de los peces en la mesa de los poderosos y frío plan consumido en silencio. Deleite de banquete para fieras viles e insaciables, matando sin piedad el llanto de un pueblo.
Es
preciso asomarse al precipicio, allí, en la altiplanicie, donde el sol se
esconde. La ciudad contempla un paisaje atonal y la rueda de poder atiza su
quemadura medieval. Un terror que aviva cenizas de anestesia irracional para
todo malsano juicio. Sinfonía menor del desconcierto mayúsculo.
Tiempo
de silencio y quietud, tibio rayo de luz que rasga tinieblas ominosas. Piel y
deconstrucción del hombre solo que espera. Amo y señor de su territorio que
deshincha toda vanidad decorativa.
Cruel
mueca del destino que estalla ante nuestros ojos, ya vaciados, como estímulo y
respuesta a nuestra mente adormecida, viciada de desechos digitales en su dócil
sumisión suprema. Pueril tacto perturbado de intrascendencia, convirtiéndonos
en espectadores de tan pesadillesca y brutal coda. Una gélida distancia separa
la tragedia inevitable de una lúgubre carcajada.

Comentarios
Publicar un comentario